PAUL AUSTER

A uno lo explican mejor los libros que lee y las formas de experimentarlos que los momentos de mayor sinceridad. Por eso, creo que mi vida se explica, por lo menos en parte, por el itinerario de lecturas de Paul Auster, que puedo fijar entre 1993 y 2000.

El problema que tenemos los profesores es que damos la impresión de que leer un libro es sinónimo de hacer un comentario de textos. Pero leer es saber, leer es vivir, leer es saberse humano, y no hay comentario, por más sólido y argumentado que sea, que sustituya esa unión entre el cerebro y el corazón.

Los lectores de Paul Auster hemos tenido siempre algo en común: un amigo – o alguien que ha querido serlo – nos ha dado un título y ha dejado que fermente en nuestras cabezas. Los títulos de Auster son verdaderas joyas literarias en sí mismas, mundos de fantasía: La invención de la soledad, Blue in the Face, La música del azar, Leviatán, El arte del hambre. Primero, uno compra el libro, o lo pide prestado, sólo por tener de qué hablar. Más tarde, creías que el libro era una brújula que te marcaba una dirección: no sabías si de pensamiento o de vida. Después te dabas cuenta de que eran lo mismo, porque una vida no pensada es una vida no vivida.

Empecé con la Trilogía de Nueva York. Muchos años más tarde, identifiqué las tres novelas con las Variaciones Goldberg de Bach: con unos pocos elementos básicos – el peligro de la locura, el azar, la simple casualidad, el amor al saber – Auster tejía el escenario de vidas puestas en peligro en la ciudad de Nueva York. Y cuando uno había viajado poco, “Nueva York” era una palabra gigantesca, que contenía todos los tesoros que prometen las mejores novelas. Pero, como todo en la vida, cuando acumulas experiencias y lecturas piensas en los historiadores griegos y helenísticos: las Vidas de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio; la Historia de Heródoto y, por encima todos, las Vidas paralelas, de Plutarco, que venía a preguntarse: ¿qué sacamos de comparar, no a dos personas, sino a dos vidas?

Naturalmente, la Trilogía de Nueva York fue tiñéndose de distintos significados para mí: hice míos algunos conceptos (ahora veo que es mejor decir “algunas metáforas”), como el azar; más tarde, dejé ese libro arrinconado en mi memoria, hasta que pude volver a leerlo, muchos años más tarde, cuando había leído a don Miguel de Cervantes y a don Gabriel García Márquez. Entonces comprendí que el truco de las tres novelas era manejarse con un concepto muy simple, más propio de cuento que de novela: el secreto. Un cuento es una narración corta en la que pasa algo poco perceptible, algo que, estando a la vista todo el tiempo, no puede verse bien. Sucede en el cuento como un día en la vida de una persona que sse haya levantado dispuesta a ver, oír, gustar, tocar y olfatear.. Cuando leí la Trilogía años más tarde, había vivido muchas otras cosas. La lectura fue enriqueciéndose con la propia vida. O al revés. Ya no estoy seguro.

El segundo libro que leí fue Leviatán, pero no estoy seguro. A este libro le debo mi amor por la editorial Anagrama y mi cautela a las verdades absolutas, y más cuando quien las crea está aislado en su propio mundo. Los mundos propios son necesarios, pero tenemos que ser conscientes de nuestras limitaciones y de nuestros peligros. Un filósofo que me gusta mucho, Gilles Deleuze, les daba a ambos un nombre precioso: los llamaba “nuestros dobles”. Cualquiera de nosotros puede tener hoy mismo una vida desastrosa o un día digno de ser recordado. El secreto está en conocer nuestros dobles, clave de esa novela.

La música del azar es una novela que marcó mi vida, y que me hizo amar la literatura norteamericana. El libro comienza como las “road movies” o películas de carretera: imaginad que, cuando las cosas van mal, uno lo vende todo, coge su coche y se dirige a algún lugar del inmenso país. El azar era el gran concepto del libro, pero como todos los conceptos, había que hacerlo propio, había que adaptarlo a lo que uno era como si de unos pantalones o de una camisa se tratara. El azar es a veces una solución cómoda: sólo te dejas vivir, y algo parecido a la suerte cambia tu vida. Sólo que no siempre cambia a mejor: la desgracia, el error, la torpeza están en nuestras decisiones, tanto como en los bienes de fortuna.

La invención de la soledad es una mezcla de ensayo y novela, en la que Auster hablaba de la relación con su padre, y que me impresionó, como la “difícil facilidad” de su escritura, por la forma de contar lo que a cualquiera le ha pasado. Una de las grandezas de Paul Auster es que ha demostrado que “lo común” es “lo impersonal”; lo verdaderamente personal es lo que escapa a veces al lenguaje, o lo que se asienta con tal poderío en el lenguaje, que no hay forma de quitar el nombre de lo dicho (Luis Cernuda, Federico García Lorca).

Me gustó mucho El arte del hambre, que es un libro de ensayos sobre escritores fundamentales de la literatura contemporánea, y sobre todo, de Franz Kafka. Quien se sienta encerrado en su vida, debería leer estos ensayos, porque Auster consigue que la lectura abra los ojos. Pocos pueden decir lo mismo.

Paul Auster es el ejemplo de que la historia, la trama, es lo más importante en una novela. Con su aparente sencillez, organiza sus relatos de manera que el punto de llegada no es igual que el de partida. O sea: en el sentido de Cervantes, escribe relatos creíbles en los que pasan cosas y hay cambios en los personajes, de manera análoga a como nosotros nos transformamos.

Este principio tan sencillo está apoyado por metáforas que explican el sentido de la novela en cuestión: en Mr. Vértigo, el vuelo es la metáfora de la potencialidad y de las ilusiones – luego perdidas – cuando el ascenso deja de ser una habilidad, o cuando, sencillamente, volar ya no se hace indispensable.

Somos literarios porque vivimos en la explicación metafórica de las cosas, del mundo. Esto no quiere decir – ni mucho menos – que nos guste aislarnos del mundo; quiere decir, por el contrario, que hay un mundo visible, que no sólo “vemos”, sino que descubrimos por nuestra vida cotidiana, y un mundo pensable, que nos llega por nuestro lenguaje, por nuestra forma de pensar las cosas y de pensarnos.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.